¿Existe la forma perfecta de ejercer de padres?
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Aunque muchos padres aspiran a la perfección, somos humanos y cometemos errores. Nadie es perfecto y por lo tanto no existe ninguna manera perfecta de ejercer de padres. Es normal cometer errores en cualquier aspecto de la vida incluida la paternidad o maternidad. De modo que solo puedes proponerte hacerlo lo mejor que puedas. Hazte cargo de que tú no eres perfecto, asume que vas a cometer errores y disfruta del desafío. Algunos aspectos a considerar serían los siguientes:

Ser un modelo a seguir

Cuando los niños están creciendo quieren ser como tú, de modo que sobre ti recae la obligación de enseñarles a convertirse en adultos responsables. Por ejemplo, si quieres que crezcan y que coman bien, entonces deberás practicar también con el ejemplo. Se puede comer pizza, pero enséñales a tus niños que es un capricho y no estaría bien hacerlo como norma. La mayor parte de la comida que se pone sobre la mesa debería ser cocinada en casa y nutritiva.

Enséñales a tus niños que es importante respetar a otras personas. Ellos van a estar observándote cuando te comuniques con otras personas. Intenta mantener la calma en situaciones difíciles ya que a tus hijos no va a ayudarles mucho el oirte hablar mal de vecinos, profesores y con quien quiera que estés enojado en ese momento. Muéstrales que el hablar con firmeza y con calma permite la comunicación efectiva y que es mucho mejor que gritar.

Mantén una actitud positiva ante la vida. Enseña a los niños que pueden aprender de sus errores y que es posible que las cosas sucedan porque tienen que suceder. Ayúdales a enfrentarse a sus decepciones, habla con ellos sobre el motivo de sus enojos y asegúrales que las cosas van a mejorar.

Establecer normas

El desarrollo de los niños requiere coherencia y el establecimiento y cumplimiento de normas sirve para asegurarse de que los niños saben cómo comportarse, tanto dentro como fuera del hogar. No te pases de estricto, recuerda que los niños requieren cierta libertad y sentido de la independencia. Da a tus hijos tareas que puedan realizar, por ejemplo, un niño pequeño de los que todavía están aprendiendo a andar no podrá mantener su habitación ordenada él solo pero puedes ir enseñándole a colocar algunas cosas en su sitio. De ese modo sabrá que antes de salir los juguetes tienen que estar recogidos y cuando sea más mayor hará esto solo.

Dedicar tiempo a la familia

Intenta reunir a toda la familia en la mesa por lo menos para una comida. Es una manera estupenda de juntar a la familia. No encendáis la televisión y prohibe el uso del teléfono móvil durante la comida. Dedica ese tiempo a hablar de cómo te ha ido en tu día. Incluso si resulta imposible comer juntos durante la semana debido a compromisos laborales, asegúrate de que lo hacéis al menos una vez durante el fin de semana. Concierta una fecha para ir al cine o a jugar al bol una vez por mes si tienes hijos mayores cuyas propias actividades les mantienen ocupados.

Escuchar

Asegúrate de que tus hijos crecen sabiendo que pueden hablar contigo. Escucharles es muy importante y les enseña a comunicarse de forma efectiva. Permíteles que expresen su opinión cuando lo necesiten. Sí, puede ser irritante el volver de trabajar mucho todo el día, sentarse después de haber preparado la cena para ver tu programa de televisión favorito y oir a los niños hablar según se les vienen las ideas a la cabeza. Si les dices que se esperen pueden no molestarse en hacerlo y entonces tú habrás perdido una oportunidad de averiguar qué ha pasado en sus vidas, o qué les preocupa. Apaga la TV, haz que se sienten contigo y préstales atención.

Libertad

Dales libertad a tus hijos. Eso les enseñará responsabilidad y cómo cuidar de sí mismos. Si vives en una zona segura deja que tus hijos jueguen en el parque o se vayan por ahí con la bicicleta con sus amigos. Permite a tus hijos adolescentes ir al cine y salir por la noche con sus amigos. Da miedo dejar a tus hijos por el mundo pero si no lo haces nunca aprenderán a ser independientes.

Recuerda, perfecto no puedes ser, pero si les prestas atención a tus hijos, muestras interés en ellos, eres coherente en las normas y les dejas que abran las alas, con un poco de suerte habrás criado seres humanos felices, educados y responsables.